Pregones
Voy por la calle de Obispo, voy con mi ecléctico estilo
y escucho un Pregón, viene de otro callejón.
Maní, maní, señorita, decía el pregonero.
Voy de regreso a la Cuevita
Entro por calle 108 y escucho un pregón.
Agua! Ay dale agua al dominó.
Suena la conga de la candonga
y te voy a cantá', to' lo que se pregona.
Muy dura es la necesidad que te hace obedecer
a un plato en el mantel.
Aunque venga el coronel, hoy mi hijo va a comer.
Coros: Suena la conga de la candonga.
• Dime que es lo que tu buscas, yo te lo voy a encontrá'
a ese precio corazón, que es el que puedes pagar.
Coro
• Pero que bonito y sabroso, baila la conga los pregoneros.
Coro
• Corre, corre, corre, corre, cuando digan agua
que por ahí anda la jimagua.
Coro
• En mi barrio tocan los rumberos, como Pello El Afrokán.
Coro
• A la bele bele bele, a la bele bele bele a.
Mira papi, La Cuevita es patrimonio cultural.
Pa'l de Pinal, pa'l del centro, pa'l oriental.
Coros: Suena la conga de la candonga.
• Esta es la conga de la candonga, si tu la bailas tambien la gozas.
Coro
• Te la canta el bodeguero, ya no hay huevo sin dinero.
Coro
• Se oyen se oyen los pregones: no mas, no mas apagones.
Coro
• Déjate de atrevimiento, ven a la conga en este momento,
la rumba no come cuento y de la calle no vengo.
El origen de “Pregones”
Por SABA
“Pregones no es solo una canción. Es una calle. Es una esquina. Es una memoria colectiva que aún respira en mí.”
Escribí esta canción hace años, cuando yo misma era vendedora en La Cuevita de San Miguel del Padrón, en La Habana. La viví desde adentro. “Pregones” no nació desde la ficción, sino desde la vida cotidiana de un barrio olvidado y vigilado a la vez. Un barrio que, pese a todo, ha sido incubadora de ingenio.
Durante los años 90, en pleno Período Especial, La Cuevita fue una fuente vital de recursos para muchas familias de todo el país. Las escobas, los cepillos, juguetes, herramientas, las piezas recicladas… todo surgía de esa economía popular hecha con las uñas. Vi a mujeres solteras sostener familias enteras desde un kiosco improvisado, a hombres construir negocios con lo que encontraban, a muchos ser perseguidos por buscarse la vida.
Yo también fabriqué escobas a los 12 años, aunque mis padres no querían. Lo hice por cultura, por identidad. También escapé de la policía y los inspectores cuando alrededor de los 27 años vendía formalmente en la feria. Es muy difícil tenerlo todo legal aunque uno quiera. Ese espíritu negociante, ese “buscarle la vuelta”, forma parte de mi ADN como cueviteña.
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¿Cómo se traduce todo eso en la canción?
No inventé nada. Solo presté mi voz a lo que ya se dice en esas calles.
“Pregones” es lo que vi, lo que se vive, lo que se susurra en los pasillos.
Los personajes que aparecen —el bodeguero, los rumberos, la jimagua que es “la policía”— existen.
No son arquetipos. Son gente. Son historia viva.
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¿Sigue La Cuevita igual?
No. Es más precaria. Pero el espíritu sigue intacto: ingenioso, creativo, negociante.
Me han contado que las multas han subido, que son casi impagables.
Pero también que, después de un trágico incidente donde unos vendedores lamentablemente fueron heridos a manos de un inspector, por motivos de negocios, hay ahora un poco más de calma.
Ojalá así siga y no sea solo una oleada de calma temporal, como pasa casi siempre.
Mi gente merece vender, crear y vivir sin miedo.
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¿Por qué abrir el álbum con esta canción?
Porque abrir el álbum con “Pregones” era como abrir la puerta de mi casa, de mi barrio, de la Cuba que me crió con sus sonidos, sus códigos, sus inventos.
Aunque la canción se consolidó en Nueva York, su esencia es un cruce entre la nostalgia y la resistencia.
Pertenece a la tradición de canciones como Maní, Maní o El Yerberito, pero refleja los pregones contemporáneos:
los cantos de quienes venden, pero también los otros pregones: los gritos silenciados, las melodías prohibidas, las frases censuradas que nunca llegaron al micrófono.
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“Pregones” es un acto de justicia sonora.
Y también es un acto de amor.
Amor a lo que fuimos, a lo que somos y a lo que aún podemos decir.
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Fotos de La Cuevita donde se recrea la canción:






Un amigo, líder del grupo universitario de Cuba y yo. Vendiendo cadenas de acero inoxidable, que posteriormente, fueron prohibidas sus ventas, en la candonga de La Cuevita.